Aquellas bodegas tradicionales

Aquellas bodegas tradicionales

Azagra pertenece a una región natural, el valle medio del Ebro, que se ha distinguido desde tiempo inmemorial por sus bodegas tradicionales, el cuidado de los viñedos y el aprecio de sus habitantes por el fruto de la vid. Existen referencias escritas, que se remontan a finales del  XIX, en las que se alude al vino elaborado en la villa, en las  pequeñas bodegas familiares entonces existentes, como un vino bueno, fuerte, muy alcoholizado y de mucho color, del que se hace un consumo general y abundante.

En días especiales, la jornada festiva concluía en estas bodegas, cuyos propietarios estaban allí haciendo los honores y ponían sus vinos a disposición de los transeúntes, considerando como un desaire el que alguien no aceptara su invitación.

Bodegas tradicionales y botellas

Aquellas bodegas plenamente artesanales, repartidas por todo el pueblo, seguían, a comienzos del otoño, un método similar de funcionamiento. Los agricultores transportaban hasta ellas, en los carros o galeras, las comportas repletas de racimos recién vendimiados. Ya en la bodega, se vaciaban en el lago y se procedía al pisado de la uva. Cuando esta labor se consideraba terminada, se pasaba todo a la prensa para obtener el máximo de mosto posible y, al concluir este proceso, el líquido se depositaba en las barricas o cubas de madera para la correspondiente fermentación. Había que tener mucho cuidado con los tufos y gases que esta provocaba para evitar fatales accidentes. El candil o la vela eran auxiliares imprescindibles en este delicado menester. Obtenido el vino –tinto o clarete según los diversos procedimientos utilizados–, se guardaba lo necesario para el consumo familiar y se vendía la mayor parte, cuando había suerte, a compradores procedentes casi siempre de la Rioja o del País Vasco. Parece que estos tenían en gran estima el vino azagrés y más de una vez se oyó decir a alguno de ellos: en toda esta zona no hay vino como el de Azagra, lo cual, como es obvio suponer, llenaba de satisfacción no solo al propietario, sino también a los azagreses en general, siempre orgullosos de su producto.

También hoy, inmersos en el siglo XXI, con instalaciones y sistemas de elaboración más evolucionados que aquellos, pero manteniendo las raíces de las bodegas tradicionales, las gentes de esta tierra experimentan la satisfacción de ofrecer al mundo un vino Rioja con personalidad y calidad que vale la pena conocer y disfrutar.

Un vino bueno, fuerte, muy alcoholizado y de mucho color, del que se hace un consumo general y abundante.

Texto ©Luis Sola Gutiérrez