El milagro del renacer en Azagra

El milagro del constante renacer

Flor de almendro, flor primera, tenue albor de primavera, yo creo en la promesa de tu luz…

Las fértiles tierras de Azagra, regadas por el río Ebro a lo largo de su curso medio también experimentan su particular proceso de hibernación. Bien avanzado el otoño, las hojas de los árboles de los sotos ribereños todavía lucen una variada gama de tonos dorados que ofrecen un hermoso espectáculo para la vista. Poco después, siguiendo las leyes inexorables de la naturaleza, las hojas mueren y caen paulatinamente —unas antes, otras después— cubriendo el suelo y los caminos del entorno de una mullida alfombra que, al ser pisada, produce un chasquido muy peculiar. Es la señal evidente de que el invierno ha llegado. El gran río sigue su impertérrito fluir, más o menos pacífico o bravío, y las tierras próximas a él exhiben su ocre natural, sobre todo tras la recogida de las verduras propias de esta época del año. Solo algunas avecillas, ayunas de comida y refugio, dejan sentir al paseante sus ecos lastimeros. Podría decirse sin faltar a la verdad que en diciembre y enero el campo se halla aletargado, esperando un resurgir que en esos momentos se antoja imposible, aunque el prematuro retorno de las cigüeñas —que ya no esperan a San Blas, como rezaba el refrán— así lo anticipa.

Viene febrero y la naturaleza comienza a despertar. Lo pregonan los almendros que, en el monte o en el regadío, nos sorprenden con sus tempranas flores. Ya lo proclamaba hace más de medio siglo el Padre Manuel, un fraile carmelita amante y cultivador de la poesía, el teatro y la música, cuando cantaba: Flor de almendro, flor primera, tenue albor de primavera, yo creo en la promesa de tu luz

Azagra Camino Mitad flor de almendro

En efecto, las flores del almendro preceden a las de los demás árboles frutales y enseguida todo el campo se viste de un colorido y una fragancia especial. La luz brilla con más intensidad; los pájaros sustituyen sus trinos apagados por melodías que suenan mucho más alegres; las abejas comienzan a libar las flores dando origen al maravilloso proceso de la polinización y futura miel; los espárragos despuntan y las viñas germinan, apareciendo los primeros brotes verdes. El milagro de la vida, del constante morir y renacer, ha vuelto a verificarse de nuevo y cada temporada los humanos quedamos asombrados ante él.

Texto ©Luis Sola Gutiérrez | Ilustración ©Pilar Sola