Tabernas de Azagra Vino Navarra

Las tabernas de mi pueblo hace cien años

“Más vale vino caliente que agua de la fuente”

Azagra, Navarra, años veinte del pasado siglo. ¿Dónde se reunían, pasaban el rato, echaban la partida, contaban chascarrillos y entonaban alguna jota aquellos hombres que trabajaban de sol a sol por un jornal diario de apenas tres pesetas? Pues en las cantinas o tabernas de Azagra. Minúsculos lugares, habilitados en la planta baja de algunas viviendas del pueblo, en los que el líquido elemento no era el agua, sino el vino. Pero no un vino fino, de crianza o reserva, como el que ahora se ha ido imponiendo, sino el vino recio y peleón del que no importaba demasiado que no estuviera fresco, porque, como rezaba el refrán, más vale vino caliente que agua de la fuente.

Cinco céntimos, dos vasos. Este habría podido ser el mensaje publicitario del momento si hubiera hecho falta hacer propaganda de un producto que no la necesitaba. Y es que aquellos hombres, curtidos en el duro trabajo del campo, vivían inmersos en lo que ahora se llamaría la cultura del vino. De aquellos tiempos y otros anteriores datan proverbios y refranes que se muestran comprensivos con quienes recurrían al vino para aliviar sus desgracias, tanto físicas como morales: A mala cama, colchón de vino; Al catarro, con el jarro; Por beber medio litrillo y coger media tajada nunca se perdió nada. Los más osados incluso se atrevían a proclamar: Más vale vino maldito que agua bendita. Con esta filosofía no es de extrañar que abundaran las chispas y melopeas y que resultara frecuente contemplar a algunos paisanos trazando espectaculares curvas en el camino de regreso a casa.

"SI ES O NO INVENCIÓN MODERNA,
VIVE DIOS QUE NO LO SÉ,
PERO DELICADA FUE
LA INVENCIÓN DE LA TABERNA."

Baltasar del Alcázar, 1530—1606

No había, sin embargo, lugar a confusiones o extravíos porque todos conocían a la perfección el trayecto que les conducía desde su hogar a la taberna preferida o viceversa. Pues debe quedar claro que por entonces no se estilaba la costumbre de hacer la peregrinación de taberna en taberna sino que cada uno, con su correspondiente perolica, bien surtida de cangrejos, pajarillos, ranas, abadejo, arenques, o lo que se terciara, se acomodaba en el suelo directamente sobre la paja o –y esto era ya un lujo para la época– encima de una estera, de un serón o de una humilde sábana de saco. Sin que faltara nunca, en el centro y como elemento primordial, la jarra o el porrón de vino navarro o riojano con el que rociar tan estimables viandas, porque ya se sabe que carne sin vino no vale un comino, pero vino sin carne algo vale.

Vino Navarra Tabernas de Azagra
Texto ©Luis Sola Gutiérrez | Ilustración ©Pilar Sola